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Es el tercer año consecutivo y está a punto de convertirse en una tradición. Una costumbre tan sana como necesaria, al menos para mí. Una rareza a ojos de algunos y una coherencia a ojos de otros.

Hace tiempo que me reconcilié con mis peculiaridades y que —cada vez menos— hago las cosas porque toca o se espera. Conmemorar mi fecha de nacimiento se empieza a convertir en una especie de ritual reflexivo y de encuentro conmigo misma.

Conmemorar mi fecha de nacimiento se empieza a convertir en una especie de ritual reflexivo y de encuentro conmigo misma.

Gracias a una definición de introversión que descubrí hace apenas unos días y que me hizo tilín, me reiteré en un deseo: dedicarMe mi 35º cumpleaños.

La persona que hablaba sobre los introvertidos dio de pleno en el blanco de mi diana conceptual. Entendí, como nunca antes, qué es ser introvertida.
Siempre miré hacia esa etiqueta de reojo —medio orgullosa, medio reacia—, sin tener muy claro si encajaba en ese perfil o no. A partir de ese momento, lo tuve claro y a mucha honra lo reconozco: Soy introvertida y eso me hace feliz.

Los introvertidos somos el tipo de personas que disfrutamos de la soledad.

Elegimos estar solos en ciertos momentos porque nos genera bienestar, es nuestra principal fuente de energía.

 

Apartarnos y estar a solas nos ayuda en la desconexión mental y la descongestión emocional. Y en modo retorno, nos nutre energética, espiritual y físicamente. Es una manera de sentirnos libres y conectados a la vez.

Por ello, este año tenía más sentido—si cabe— entregarme el tiempo propio como regalo de cumpleaños.

Papel y lápiz, campana, incienso y mochila en mano, me dispongo a regalarme el bosque. Es mi celebración. Voy a pasear, a escuchar, a oler, a sentarme y a sentirme.

Sustituyo el “Cumpleaños feliz” por el crujir de las ramas. Prefiero el aroma del incienso al humo de las velas apagadas. Hoy, cambio la tarta por el aire puro del monte y los regalos por un abrazo a mi árbol.

Sustituyo el “Cumpleaños feliz” por el crujir de las ramas.

Prefiero el aroma del incienso al humo de las velas apagadas.

Miro mis zapatillas y me siento orgullosa de tener este paraíso tan cerca y dos pies sanos que me lleven hasta él. Siento el sol y el frío en mi cuerpo y me siento viva. Resumo el camino de los 12 meses anteriores y me doy por satisfecha. Esbozo lo que me gustaría conseguir en los siguientes y se despierta la valiente. Miro alrededor y me siento acogida y bendecida.

En estos momentos no se me ocurre mejor regalo que estar en este lugar. Aquí y así. En este instante, todo está bien y la plenitud se me antoja provocadora y accesible.

Aquí y así.

En este instante, todo está bien y la plenitud se me antoja provocadora y accesible.

 

 

  • Webgrafía: Youtube, El canal de Korah. “Soy un introvertido orgulloso y feliz”.
  • Fotografía: Amagi.
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