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PORQUE SÍ, ANTES QUE COACH, FUI COACHEE.

Podría escribir este post desde una perspectiva formal y ortodoxa, argumentar de manera vehemente las bondades del Coaching, citar a Sócrates y su mayéutica, hacer referencia a libros como El juego interior del tenis de Timothy Gallwey o incluso hablarte de las diferentes modalidades que existen.

Pero, al menos por hoy, prefiero quedarme unos escalones más abajo. Desde ellos puedo hablarte, sin tanta parafernalia, de la parte menos visible, publicitada o extendida. La que solo se experimenta en la intimidad y confidencialidad de una sesión.

Quiero hablarte desde la perspectiva de una coachee[i]. Porque sí, antes que coach, fui coachee.

Descubrí los entresijos del life coaching desde el otro lado, desde el que verdaderamente importa.

Antes de acompañar fui acompañada y, para mí, es casi la única puerta de entrada a la profesión.

Por ello estoy en condiciones de contarte de qué va esto, porque puedo hablar desde mi propia experiencia. No hay mejor razón y, quizás, tampoco más legítima.

Digamos que aprendí sobre “el entrenamiento de vida” desde el rincón en el que apoyaba mi burbuja. Mi coach la explotó para que abandonara el victimismo y la inseguridad.

el coaching no es lo que parece

Puedo contar también que empecé a quererlo desde un balcón, desde allí solo divisaba un horizonte difuso y mi coach me prestó una cuerda para que subiese hasta la terraza de arriba.

Incluso admito que me sorprendió en una silla. Era la que me sostenía mientras mi coach me invitaba a revisar el concepto que tenía sobre mí misma y, ya de paso, darme de bruces contra mis propias creencias (en aquellos momentos, limitantes).

Y me acabó seduciendo por completo el día en que, sin saber muy bien cómo, mi mundo empezó a rodar exactamente hacia donde yo quería.

Y mi acompañante, mi entrenador, estaba ahí nada más y nada menos que para sonreír levemente, asentir, escuchar y acoger el brillo de estos ojos que se emocionaban por lo que se desplegaba ante ellos.

Jung dijo: “Conozca todas las teorías. Domine todas las técnicas, pero al tocar un alma humana, sea apenas otra alma humana”.

Yo tuve la inmensa suerte de que mi coach (sabiéndolo o no) comulgaba con ese precepto. Se preocupó, antes de por cualquier otra cosa, de ser esa Alma Humana.

Pude sentir el soporte cálido que evitaba juzgarme y una confianza que me abrumaba porque apostaba por mis propios recursos más de lo que yo lo había hecho durante años.

Todo ello, me hizo darme cuenta de que el coaching no es lo que parece porque:

  • El Coaching no es un puñado de consignas vociferadas para motivar, exaltar y accionar desde el fervor.
  • El Coaching no es una visión color rosa de los problemas.
  • El Coaching no es cómodo para quien rechaza el arte de cuestionarse.
  • El Coaching no es un rato para contar tu vida y se acabó hasta la siguiente sesión.
  • El Coaching no es ese vídeo emotivo con música de fondo que has visto en youtube.
  • El Coching no es condescendiente.
  • El Coaching no va sobre las cosas del pasado.
  • El Coaching no da consejos si no se los han pedido.
  • El Coaching no es igual para todos.

“El Coaching no es cómodo para quien rechaza el arte de cuestionarse”.

Por un momento, después de teclear tantos “noes” y atendiendo a una de las reglas del buen coach (expresar siempre en forma positiva intentando evitar la negación) he estado tentada a equilibrar la balanza, compensar el texto usando un puñado de afirmaciones positivas sobre los beneficios del coaching. Qué idea tan absurda, menos mal que la he interceptado a tiempo y es que, por suerte -o más bien por amor a mi vocación-, me he ocupado un poquito de aprender las reglas para poder romperlas después.

Así que no, hoy no. Hoy dejo que seas tú quien crees tu propia idea sobre lo que sí es el entrenamiento de vida. Probablemente consigas una buena imagen interna sin necesidad de que yo siga añadiendo argumentos o cree unas expectativas que serían mías más que tuyas.

Por eso y porque el título del post de hoy era “El coaching no es lo que parece”.

[i] Coachee: Persona que recibe sesiones de coaching.

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