¿Vacaciones otra vez?

¿Qué son para ti las vacaciones?

Esos gloriosos 15, 20 o – para los más afortunados – 30 días en los que hasta cambiamos la forma de ver el mundo y, como acto recíproco, provocamos que el mundo nos vea diferentes.

Siempre me he preguntado el porqué de ese “cambio de actitud vacacionera”. Tengo varias hipótesis y para todos los gustos. Si quieres reírte un poco, olé, y si te apetece la parte más profunda, por supuesto, también (que como dicen por ahí “de tó tiene que haber en la viña del señor”).

Total, que ahí van las teorías “Amagianas”:

  • ¿Será por las cervezas en ese chiringuito de playa con toda la sal metida hasta el entrecejo?

  • ¿Será por esa urbanización de playa con coloridas toallas tendidas en los balcones que nos alegran la vista cual cuadro de Picasso?

  • ¿O serán las paradas a la gasolinera (obligatorias cuando el viaje dura cientos de kilómetros) que nos tientan con esos helados cargados de aceite de palma pero con un final de chocolate en el cono que te hace cerrar los ojos?

  • O quizás sea porque dejas de ir a ese lugar raro, raro, raro, que tienes por lugar de trabajo.
  • Aunque claro, podría ser también porque este año, ¡por fin!, el bikini no estrangula demasiado el michelin con esa maldita goma que (siempre) aprieta más de la cuenta.
  • Y para el que no lo sepa, los bikinis de chicas no pasan el control de calidad si la goma no cumple esa función “sacamichelin”.

  • Aunque bueno, también puede ser porque te vas de casa rural a deleitarte con esos verdes paisajes y de paso practicas clase de baile (gratis) a lo Fred Astaire porque de repente empieza a llover como si no hubiera un mañana.

  • O, a lo mejor, es por esas posturas de contorsionista experimentado, que dejan al vecino de retención ojiplático, cuando intentas hacer un selfie familiar dentro del coche y pretendes, a la vez, que no salga mucho tu nariz, que tu hijo sonría  – y te aseguras hincándole un dedo en la barriga- y que a tu mujer se le vea el lado bueno (si le sigues viendo un lado bueno es que sigues enamorado de ella).

  • También podría ser porque agradeces olvidarte del humo, los edificios y el asfalto abrasador para sustituirlo por esos paseos marítimos saturados de perritos de juguete que ladran y dan vueltas iluminando las orejas.

 

Si te has reído aunque sea un poquito, me alegro mucho…Ahora entenderás porqué.

Lo prometido es deuda, así que le toca el turno a la teorías serias, no porque haya que perder la sonrisa, sino porque creo que una buena broma siempre debe asentarse sobre algo más trascendental para que tenga sentido y resulte graciosa.

A veces, cuanto más te ríes, más profundidad hay bajo la cuestión.

Una cuestión que es sólo tuya, claro.

 

La “hipótesis profunda” trae la siguiente cuestión :

¿Será que el cambio de actitud vacacionera viene de la mano de mayor tiempo en propiedad?

Me refiero a sentirte propietario casi al 100 % de lo que haces o lo que no, que esto último, lejos de ser un acto pasivo, dice mucho más de la persona. Y es que, en una era en la que lo “normal” es ser proactivo/ hacer/ correr/ adelantar/ aumentar/ producir/ sumar/ procrear/ criar/ trabajar/ estudiar/ y muchísimos más verbos acabados en “er”,“ir” y “ar”, lo que decidimos no hacer o dejar de hacer nos define mucho más.

 

Si tienes poder sobre tu tiempo en vacaciones, está claro que la manera en que gastas, malgastas, estiras, superpones, revuelves, agotas o abandonas los minutos que tienes disponibles, tiene mucho que contar. 

 

Tiene que contar que si vuelves de vacaciones con la sensación de que el tiempo se ha ido “volando” puede ser por haberlo pasado de lujo, pero podría ser también por haberlas vivido tan rápido y con tantos elementos en la check list de “cosas que hacer en vacaciones”, que esos días han pasado por delante de tus ojos como los pájaros, pues eso, justamente volando.

O que te has colado exprimiendo al máximo las horas y a tu reloj se le han puesto los números en rojo ( sin hablar de tu cuenta corriente).

Cuando vuelves, deshaces las maletas y desmadejas tus sensaciones, sin saber por qué, tienes un tufo alrededor (aparte del de la ropa sucia – perdón, estamos en la parte seria-) a “no me he echado cuentas en todos estos días”. ¡Pues claro que no! Echarse cuentas no es pedir tu cerveza favorita en el restaurante, o ver el partido del mundial ruso con tus amigos en la terracita o tumbarte en la arena todo el día leyendo el premio Planeta – Dolores Arredondo tiene mucho que darte…-, ni siquiera dejarle a tus hijos a la abuela para salir con las amigas hasta las 5 de la mañana.

 

Hablamos de tenerte en cuenta por dentro…

 

Y claro, también está la otra parte.

La que tiene que contar que si te has pasado las vacaciones en plan sedentario, con poca motivación, con desgana por tener que ir al pueblo y ver a la misma gente de siempre, o por tener que ir al chiringuito con tu cuñado (el que todo lo sabe), o soportar a la mujer del jefe de tu marido que se preocupa más de su pelo y sus extensiones de pestañas que de mirarte a los ojos cuando te hace preguntas “quedabien” (en su super chalet de verano), puede que sea – por orden de correspondencia-:

1.- Porque durante el año te has desgastado demasiado ocupado en cosas que no te llenan o, peor, te dejan sin energía.

2.- Puede ser que hayas cedido a otra persona, consciente o inconscientemente, el poder de elegir tus vacaciones.

3.- Puede que estar expuest@ a los compromisos veraniegos te haga entrar en conflicto con tus valores.

 

Y claro, con este panorama y agosto a la vuelta de la esquina no queda otra que decir

¿Otra vez vacaciones?

Paciencia, el año que viene tendrás una nueva oportunidad.

Yo,

Sólo,

Te deseo unas vacaciones vacías. Vacías del resto.

Te deseo unas vacaciones llenas de sudor de sofá y de techo en blanco.

Te deseo unas vacaciones de tiempo sin tiempo, como el de Benedetti.

Te deseo una vacaciones de limpiezas internas y de lágrimas olvidadas.

Te deseo unas vacaciones de “respiro, me ausento y ¡esta soy yo!”.

Te deseo unas vacaciones de “suspiro, cierro los ojos y ¡este soy yo!”.

Te deseo unas vacaciones de vagabundo.

Te deseo abrazos de reencuentro que te borren el presente.

Te deseo vacaciones en honor a tu parte olvidada.

Y sobre todo, te deseo regreso de maletas de piel erizada.

 

Amagi.

 

 

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